Buscando a Frodo-3

Aquel personajillo de perfil aguileño era apenas un poco más alto que yo. Inusitadamente permití que se acercara a mí más de lo que acostumbro con los extraños. Nos hicimos unas fotos con la negrura del mar y las luces del puerto de fondo. Enseguida me explicó que viajaba por motivos de trabajo e iba solo en un camarote para dos personas. Era previsible lo que sucedió a continuación, una invitación y un vale, pero yo no follo, con un tranquila, no pasará nada que tú no quieras que pase.

El camarote era un habitáculo estrecho, con el baño a la entrada y dos literas. También estaba dotado de una minúscula mesa y un par de taburetes en los que nos sentamos a charlar y tomar unos refrescos comprados en el bar.

Sin ser ni guapo ni feo, su rostro era afable como así mismo sus modales. Acababa de fichar para una empresa que era la que le pagaba el desplazamiento y antes de su primer día de trabajo ya estaba harto. En realidad había aceptado el trabajo obligado por su padre porque según decía, el sueldo que le ofrecían aun siendo un sueldazo era inferior a lo que ganaba él bajando al bar en bata y zapatillas – por si hay redadas ya sabes, eres el menos sospechoso y te da tiempo de tirar el material en cualquier sitio. Y sí, presumía de ser un camello de mediana envergadura.

Llegó mi turno de hablar y le conté que volvía de cuidar a mi madre enferma e iba a pedir el divorcio. Por fin salió el tema de la edad y se quedó estupefacto al comprobar que podría ser su madre. Tuve que sacar el carné de identidad para que me creyera… poca luz, poca vista o los genes o las tres cosas!

–        ¿Te gusta el chocolate?

–        Sí

–        Me refiero al de fumar

–        También

–        Entonces vamos a hacernos un porro

–        Aquí no se puede fumar y fuera hace aire y frío

–        Conozco un truco, abro la ducha a tope y absorbe el humo y el olor.

Unos 5 minutos después sonó una alarma y acto seguido comenzaron a aporrear la puerta. Él dijo ¡corre!, me arrastró hasta el baño, se quitó el jersey la camisa se mojó la cabeza y cogiendo una toalla me recomendó que me metiera en la ducha para que no me viesen. Así lo hice a todo correr al tiempo que escuchaba como mi acompañante intentaba convencer al empleado de que la alarma anti-incendios se había disparado por el vapor de la ducha, demasiado caliente, demasiado rato, el humo del agua, (el corazón latiéndonos a mil), el trabajador empujando la puerta para inspeccionar el interior, mi acompañante haciendo presión en sentido contrario, metiendo la pierna, el trabajador intentando asomar la cabeza… el baño a la puerta de la puerta y ¡sin puerta! Contuve la respiración pegándome al grifo como si eso me fuera a hacer invisible en una ducha sin cortina… (El corazón latiéndonos a dos mil!).

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