Buscando a Frodo-4

Volvieron terrores de la infancia que ya creía superados, el miedo al ridículo de exhibirme desnuda ante las miradas de otros y la humillación pública; el pánico escénico del momento a ser descubierta y expulsada del camarote cual polizón.

El empleado de la naviera logró entrar lo justo para ver las ropas tiradas en el suelo del baño y, al reparar en que había prendas femeninas se retiró guiñándole un ojo a mi anfitrión advirtiéndole de que cerrara pronto el agua.

De nuevo solos los dos el joven hombre se quedó mirándome, ¿puedo entrar?, pasa, le dije sin pensar, ¿puedo enjabonarte?, sí, respondí…

Dada mi natural timidez mi situación normal habría sido otra

Imagen de Vicente Sánchez Cañete

pero a un corazón deshecho nada le importa, no se pone a mirar si su acción está bien o está mal, intenta seguir latiendo desquebrajado en el hielo, lo intenta y lo consigue; no importa si es bajo la ducha mientras otro corazón lame el jabón que resbala por mis tobillos que este corazón mío vuelve a acelerarse y mira y no puede creer lo que ve lo que siente, el hombre de rodillas con su lengua pegada a la planta de mi pie izquierdo y antes de que le diga noo, mira que tengo unas cosquillas imposibles, se relame y me pregunta de nuevo ¿puedo? Y yo suspiro, y él ya sabe.

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