Buscando a Frodo-7

Durante el último tramo del viaje tuve tiempo para reflexionar sobre lo sucedido. De lo único que me sentí culpable fue de mi impotencia en las artes amatorias, ¡pobre hombre!, él me descubrió unas sensaciones indescriptibles y yo no supe recompensarle. Sobra decir que ni se me pasó por la cabeza chupetearle los pies.

En cuanto a mi marido, era uno de esos “pensado y hecho” que a veces se nos reprocha a las mujeres. Ya me sentía separada a falta de firmar unos papeles cuando todavía no le había comunicado mis intenciones, lo que me eximía mentalmente del pecado de adulterio aunque tendría que dar algunas explicaciones.

Y el paisaje delicioso, Frodo un encanto, en su sitio, tan callado, estoy segura de que él también fue disfrutando intuyendo que esas verdes y azules vistas serían su nueva morada; acostumbrándose a mi olor sobre-excitado muriéndose de ganas de contarle al mundo entero la recién experiencia.

Llegamos a casa con ensaimadas para el desayuno, mi marido estaba esperando. Tenemos que hablar, le dije de frente mirándole a los ojos, Frodo sentado a mi lado como si todavía no le hubiera quitado la cadena, no hay nada de qué hablar, me respondió apartando la mirada un poco acuosa, el perro se queda.

pd.-Odiaba los animales en casa.

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