19 días y quinientas noches-2

Cuando el amor me acabó corrí lejos y en la huida se me desdibujaron los labios de la cara y tan sólo quedó una sombra donde antes hubo una boca.
Encerrada en mi escondite, yo, tan simple y tan boba tardé el mismo tiempo que Sabina en olvidar.
Me llovieron los ojos durante 19 días y fueron quinientas las cartas que escribí durante quinientas noches.
Me llené las muñecas de cadenas de plata, una por cada año de vida y llené el armario del luto griego y del cristiano. Y así de esa guisa me reinventé a mí misma.
Las cartas que nunca envié a su destinatario, las quemé todas juntas.
De tanto papel achicharrándose en su tinta, comenzaron a subir las llamaradas hasta una altura más que es peligrosa.
Me prendió el flequillo y por más que tiraba y tiraba de la cadena del váter, el agua no salía y la pintura de la ventana del cuarto de baño comenzó a chorrear estallando en pequeñas burbujas.
En ese instante llegó mi padre. Cogió una toalla y me la enrolló en la cabeza para apagar el fuego de mi pelo y luego se ocupó del resto del incendio.

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