Sube que te llevo

Hay historias que me gustaría poder ahorrar como la del autobús perdido, el coche blanco que para y te pregunta vas para Leganés? Y tú dices sí, sube que te llevo, no gracias, venga sube, que no, que me espero al próximo, venga sube o te perderás las clases y al final, pensando en lo divertido que según ella era hacer autostop, me subo.
La conversación no me gustó desde el principio y fue a mitad de camino cuando el conductor me habló de la chica a la que le arrancaron los pezones con unos alicates, apenas hace unos días, fíjate, no muy lejos de aquí, fíjate, y eso también podría hacerlo yo, la velocidad del coche blanco en disminución, la mano abriendo la guantera, el brillo de unos alicates, fue entonces y sólo entonces cuando ya te digo y como te cuento, me tiré sobre el volante, coche blanco hacia la izquierda, carril contrario, luego coche blanco a la derecha, bajos destrozados en el campo.
Eché a correr a más velocidad de la que mi pierna coja me permitía y ni por un solo instante se me ocurrió mirar atrás, no fuera que aquellos gritos proferidos por el conductor, me llegasen alcanzar.

– estás loca!!! Estaslocaaa!!! Tú estás looca!

Llegué a Leganés, ya te digo si llegué! Y pasé el resto del día, como bien le dije a ella no sé, dando vueltas por ahí.

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