Sobre el azul y otros demonios

Dicen los estudiosos que el ojo humano no está diseñado para ver el color azul.

Que eso que llamamos azul no son más que tonalidades de un verde salpicado de rojos o grises formando un violeta, pero no azul.

Dicen que el único azul que pueden contemplar nuestros ojos es el azul del televisor o las pantallas de ordenador.
Los espectrómetros no se equivocan.

Yo les digo a esos señores científicos que revisen bien sus medidores. Lo mismo se han quedado obsoletos o no los han utilizado en el lugar adecuado.

Les invito a hacer sus mediciones en una playa virgen del Caribe, donde los colores son más intensos, más puros, donde el agua tiene tantas tonalidades de azul antes de llegar al verde que resulta casi imposible contarlas.

Les doy un paseo si quieren por el Mediterráneo, donde el azul del cielo cabe en un puño.
Donde la luz invita a la algarabía, el desenfreno y la introspección.

Donde el mar solo cambia de color allá donde llega la contaminación, los fósiles de mercaderes navegantes guerras y cadáveres de inmigrantes.

En mi corta experiencia y bajo mi humilde opinión creo, opino, encuentro que el único mar negro que he conocido se encuentra en la bahía de Jade, con su cielos tan grises y sus aguas tan oscuras.
-Tome nota señora Merkel.

Por último me queda escalar la cumbre de cualquier cima para poder contemplar las estrellas que sí, no son blancas, son rojas amarillas y azules.

Y ya puestos reflexionar porque en el idioma anglosajón la palabra azul designa el color y también la tristeza.

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